Todo empieza por ir recogiendo la seda de la telaraña. Paso a paso por la ciudad. Recogiendo los recuerdos, los besos, las risas y los deseos en una madeja de futuro no futuro.
Cada lágrima, cada sollozo, un poquito más.
Ríos por ti. Inundada la ciudad. Ya no sabía andar por ella, sólo podía nadar entre la lluvia.
Tu cuerpo como paraguas. Al menos tu cuerpo como impermeable. Tan solo tu cuerpo para no perderme en la ciudad inundada. Tu cuerpo donde agarrarme. Tu cuerpo para mantenerme a flote.
Hasta que la ciudad empezó a secarse.
La tierra puede convertirse con los besos de la lluvia en pasos crujientes. Siempre me gustó saltar en los charcos del asfalto. Las nubes siguen dibujando cosas sorprendentes.
Y yo voy paseando por la ciudad, con mi madeja de futuro no futuro, tejiendo para mi una telaraña que sostenga pero no atrepe.
domingo, 26 de agosto de 2007
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