Te fuiste dejando las calles llenas de lágrimas acristaladas. No pensé que pudiera caminar por ellas sin dejar un rastro de sangre y vísceras.
Ahora camino como un faquir. Sin dolor. Sin miedo. Sin mirar ni sentir las magulladuras que me hicieron los miles de besos de despedida, que me diste sin querer quererme, queriendome sin querer.
El tiempo como todo, llega cuando no lo esperas.
Ya no espero nada.
viernes, 10 de agosto de 2007
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